miércoles, 20 de febrero de 2008

S/T




Una noche fui a casa de Adriana a explicarle photoshop, de repente recibí una llamada de mi hermana para decirme que mi papá estaba desahuciado, yo colgué y seguí explicándole a mi amiga mientras ella casi lloraba por mi, era obvio, mi mente no captaba nada. De ese momento al día que murió pasó casi como relámpago, luego hubo otra llamada estando yo en cierre para darme la noticia, siempre quise salirme en pleno cierre pero no para decirme que mi papá se murió.

En las pocas semanas que se enfermó yo tenía en mi agenda (era la primera vez que llenaba una) que me iría de vacaciones a Boston, luego tuve que tachonear todos los días cambiándolo por los día que me tocaba cuidarlo en el hospital para turnarme con mis hermanos, me traume tanto que fue debut y despedida, no volví a planear un día ni a llevar una agenda.
El murió un martes y el ultimo día que lo vi fue un domingo. Estaba preocupada porque yo tenía una gripa horrible y no lo quería contagiar, ese día me fui tranquila y muy pensativa, creyendo que a lo mejor ya no lo veería, pero ya no tenía nada que decirle, le había dicho y entregado todo, así que me fui callada y muy triste a Monterrey.

Mi papá fue especial: fue el cielo y el infierno, la bondad y la maldad, el agua y el aceite; único, especial, ocurrente, divertido, sencillo, sarcástico, alegre, sangrón, enojón y sentimental, ermitaño y amiguero, hiriente y comprensivo. todo en un mismo paquete.
Recuerdo sus llegadas a mi casa cantando: "Llegó su padreeee", o nos reunía a los cuatro y nos decía muy serio: "Niños, les tengo buenas nuevas: sus padres viven, los encontraron naufragando...", saliendo del baño decía: "Ni a mi peor enemigo lo dejaría entrar", o en el súper: "te doy 3 pesos si le dices a esa señora que está bien fea". ese era mi papá.

Mañana se cumplen ya 3 años de que se fue, murió un 22 de febrero del 2005 a los 64 años de edad.
9 meses antes de que partiera nos fuimos de viaje mi hermana y yo con él a Morelia, su ciudad natal y nunca sospechamos nada. Pasando unos pocos días de su muerte lo dibuje a mi manera, me lo imaginé despidiéndose de su negro cuerpo enfermo, con el sueter café de mi abuelito, con su maleta, la cascada de fondo que me platicaba que quería estar y con una flor blanca que me dejó, simplemente apagó la luz y se fue a un lugar mejor. El consejo que siempre me dio fue que los pequeños detalles siempre cuentan, y eso trato de seguir haciendo.

Todos los que hemos pasado una perdida cercana sabemos que nunca dejas de recordar y extrañar, que siempre te va a seguir siendo falta y que jamás se irá de tu corazón, sé que seguiré asustando a Carlos con mis repentinos llantos en la madrugada, sé que Saltillo ya no es el mismo sin él, mi vida ahora es mas tranquila y aburrida a los altibajos en los que estaba acostumbrada con él, pero también se lo agradezco porque necesitaba estar tranquila. Por lo pronto mañana elevaremos unos globo al cielo para él, en señal de que lo seguimos extrañando y que nos ayude a salir adelante.

Este escrito no tiene título porque tengo tantos en la mente llenos de sentimiento que llenaría dos hojas y me faltarían mas, mejor los guardo para mi, para la "moyete" que le sigue haciendo falta su papá.

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las cabeceras (¿asi se llaman?)

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