lunes, 26 de septiembre de 2011

AFUERA

El viernes fuimos al concierto de Caifanes.
Hace mucho que no me emocionaba un concierto; la verdad yo creí que no era súper fan pero ahora que fui descubrí que si lo soy y mucho. Yo le dije a Carlos que no me dijera nada si me ponía a llorar, y no es que me encanten ellos ni me muero por Saúl el vocalista, de hecho me daba lo mismo estar adelante que atrás, y vaya que nos tocó pegados a la pared, mas bien fue la nostalgia de aquella época noventera lo que me invadió nuevamente.

A pesar de tener borrachos inquietos a mi lado y soportar el cigarro en un lugar encerrado cuando "se supone" esta prohibido y tener media cajetilla de "a gratis" en mis pulmones me sumergí en los recuerdo enredados en aquellas canciones.

La que mas marcó mi corazón y mi alma fue la canción de Afuera.
Me acuerdo que en 1993 sonaba mucho esa canción y a mi papá le quedaba a la perfección.

"Muchos años uno cree que el caer es levantarse
y de repente ya no te paras
Que el amor es temporal que todo te puede pasar
y de repente estás muy sólo

Afuera, afuera tú no existes, sólo adentro
Afuera afuera no te cuido, sólo adentro....

Siguen los años y uno está creyendo que puede rezar
y de repente ya te perdiste
Y uno cree que puede creer y tener todo el poder
y de repente no tienes nada..."

Mi hermano y yo vivíamos con él y yo veía como los tres nos estábamos hundiendo en nuestro propio barco; mi papá ya no tenía fuerzas ni ganas para salir adelante. Yo escuchaba esa canción mientras me escapaba en mi cuarto de alguna otra tontería hecha por él acompañada por el alcohol; él pensó que era invencible y al final se venció, yo pensé que podía rezar y me perdí, él pensó que tenía el poder y no tenía nada.

Al final el barco se hundió y mi hermano y yo naufragamos por un buen tiempo, mi papá luchó pero no lo logró.

Aún de repente mi barco interno se tambalea pero esta vez no tengo tanto miedo, la diferencia es que ahora si llevo un chaleco salvavidas.

Aún me duele pero si me puedo levantar y si, al final de la canción eché lagrimita con diferente nostalgia que mi cónyugue de al lado o la bola de borrachos del otro, pero fue como limpiar el alma, recordarlo para bien y salir contenta siempre por la puerta de adelante.

¡Gracias Caifanes!


viernes, 16 de septiembre de 2011

16 DE SEPTIEMBRE DE 1989

En en año de 1989 Saltillo era una ciudad tranquila, tan tranquila que estaba en la delgada línea roja de ser aburrida.

Todo era pequeño; había un corto paso a desnivel que daba directo al centro y los colegios estaban contados: Estaba el de nuestras rivales que era El Instituto del Valle Arizpe que se conocía más por "Instituto de Vacas Amaestradas", así como el Colegio Nicolás Bravo, que era mejor conocido como el "Colegio de Niñas Bobas", el cual una boba, digo, una servidora ahí estudiaba; el Colegio México, salesiano y mixto conocido por tener los niños mas guapos, El Colegio Ignacio Zaragoza, El Instituto Alpes, El Colegio Americano, y párale de contar.

En esa época yo estaba en la escolta; nunca fue por tener las mejores calificaciones, ni mucho menos por ganarme una beca, simplemente porque media 1:77 al igual que Alma Rosa. Vero, Ana Lucía y Cirenia, apenas medían  1:70 pero al igual eramos las grandotas del Colegio.

Nuestra asamblea cada lunes era todo un reto: No dejar que la bandera se atorara en la cancha de basket, ya que habíamos dejado en otras ocasiones los colores patrios enredados en el cesto mientras hacíamos nuestro recorrido por todo el patio. La risa se daba cuando teníamos que entregar la bandera hasta la dirección marchando, cuando ya nadie nos veía, cosa que se me hacía algo ridículo.

El 16 de septiembre se acercaba y ya estábamos listas para el desfile por toda la ciudad. Mis hermanas también participaban en la marcha y era un suplicio pedirle a mi padre un uniforme nuevo, ya que no era que no tuviera el dinero, simplemente no le daba la gana comprarlo.

La marcha empezó aquel día y ya teníamos gritoniando a Demetrio, el maestro de educación física; no era raro que sacara en pleno desfile a alguna alumna que estaba platicando y veías una que otra llorando por el incidente. Eso sin contar las caras nada agraciadas de las monjas camuflajeadas entre el público, que te taladraban el cerebro con sus miradas. A mi me encantaba el paso redoblado pero las vueltas no eran mi fuerte ya que no medía bien mi distancia y por consiguiente parecíamos abanico roto.

Lo peor fue que ninguna de las cinco se percató de saber por donde íbamos y de repente dejamos de escuchar el ruido de la fiesta tricolor y terminamos en un callejón que ni supimos como caímos ahí, solo alcanzamos a ver a lo lejos del tamaño de una hormiga como Demetrio brincaba y gritaba enfurecido porque sin querer nos habíamos salido del desfile para lograr perdernos.

A nosotras nos valía gorro, nos sentíamos mas orgullosas y pensabamos que todo Saltillo nos reconocería por nuestra hermosa actuación cívica, cuando eramos una escolta mas entre tantas otras, pero era grato vivir cada año el 16 de septiembre con el mismo uniforme apretado y deslavabo pero con las emoción de revivir ese día.

domingo, 11 de septiembre de 2011

DESDE ABAJO


Conocí a las hermanas en una fría mañana de noviembre del 2000. No las pude ver en todo su explendor porque el día era muy nublado. Nuestra intención era ir a visitarlas y admirar desde su cabeza la magestuosidad de la isla de Manhattan; pero nos distrajo un anuncio enorme de un modelo guapísimo (por no decir buenísimo) en ropa interior Calvin Klein y unos hot dogs de esos típicos que venden en plena calle mientras el humo salía de las alcantarillas.

Cuando por fin pasamos por ahí, las saludamos y mejor les tomamos una foto a medias ya que ni ellas salieron completitas y yo menos.

Hoy las gemelas ya no existen y no me arrepiento de no haberlas visitado en su interior. Me hubiera acordado del señor que a lo mejor le compraba un souvenir en las alturas o de las personas que ahí trabajaban.

Las hermanas se fueron y ya nunca regresarán, pero estas gemelitas fueron tan valientes que aunque ya no esten fisicamente presentes tienen aún en su interior un enorme corazón que aunque pasen 100 años, ese seguira vivo para siempre.


las cabeceras (¿asi se llaman?)

las cabeceras (¿asi se llaman?)