CAMBIANDO DETALLITOS


Hace unas semanas cumplí años y reflexionando un poco sobre mi edad, creo que a estas alturas de mi vida aún quiero cambiar algunos detallitos míos que en el fondo sé que no tengo remedio y que yo siempre creí que con la edad y la madurez uno iba mejorando. 

Soy un “desmadre organizado” ( no más yo sé donde tengo las cosas…. bueno, a veces ) soy ermitañamente sociable y amargadamente alegre, odio a la gente pero AMO a las personas. Sigo siendo despistada moderada, no como antes que no me daba cuenta y me salía de bañar sin enjuagarme el cabello, o estaba lista afuera del carro con una toalla en la mano pensando que era un sueter, o peor aún perdí mi pasaporte el mero día de un viaje internacional. Lo máximo que llego ahora de despistes es a meter el frasco de azúcar o la cartera en el refri, pero me alivia saber que tengo amigas igual que yo; pero estando con Domy créanme, SIEMPRE, SIEMPRE, SIEMPRE estoy más que ALERTA.
Cuando ando en mis días puedo llorar por una puesta de sol hasta porque veo una paloma buscando comida y también andar de neuras. Soy Géminis creativa cambiante y distante pero adaptable a las circunstancias. Me he desmayado 4 veces en mi vida, una por trasnochar, dos en diferentes trabajos y una creo que en un avión por nervios y digo creo, porque cuando me desperté estando en mi asiento ya con nubes en mi ventana, Carlos me dijo: ¡que bueno que te dormiste porque el despegue estuvo muy feo!. Y hablando de aviones nunca veo al piloto porque si lo veo muy joven pienso que no tiene mucha experiencia y me agobio y si lo veo muy grande pienso que le puede dar un paro cardíaco y también me agobio.

Me encanta dibujar y pintar. Amo el color pero casi siempre visto de negro. De chiquita me regalaban en navidad puros cuadernos de dibujo, colores, plumones y pinturas y yo era la más feliz dibujando en mi pupitre playshool; y en una ocasión mi papá me regañó porque no salía a jugar, así que arrastre mi pupitre afuera de mi casa y seguí dibujando. En el colegio siempre fui de seis y sietes y llegue a tener 60 faltas por no querer ir al colegio, hasta que mi mamá lo solucionó con una buena nalgada mientras me colgaba “berreando” en la puerta del carro y creo que jamás volví a faltar. La calificación 100 perfecta la conocí hasta que entré a la carrera de diseño gráfico y ya no la bajé.

Mi mamá me dice que tengo mi angelito de la guarda siempre alerta porque me he salvado de accidentes como de niña que anduve en bici de bajadita sin frenos y terminé estrellándome en un portón segundos antes de que pasara un camión, un accidente de carro con mi prima y mis hermanas que por poco y no la contamos y en un juego mecánico de los que te lanzan en una silla al infinito y más allá porque nunca me checaron el cinturón de seguridad y ante el asombro de mis hermanas salí disparada con mucho terror pero regresé sana, salva, despeinada y traumada porque jamás me subiré a un juego, ni siquiera a un carrusel de niños. 

Si mi celular hablara me demandaría. Se me ha caído tanto, que cada que lo veo pienso en mi amigo Alex y en el sermón y regaño que sabiamente me dará cuando lo vea. Me sigo confundiendo con estire y empuje y me tardo mucho en los contenedores de basura intentando meter lo orgánico, inorgánico, reciclable, inorgánico no reciclaje y otras combinaciones más. Soy muy asquerosa tanto así que si me cuentas algo que me provoca asco vomito de inmediato y me paralizo pelando los ojos si veo un insecto que no conozco. No me gustan las selfies y solo la tomo cuando me piden tomarla porque mi brazo es largo y cabe mucha gente. Todavía no entiendo porque me gustan programas como Rutas Mortales que se trata de traileros que llevan su mercancía a carreteras peligrosas o Ferrocarril en Alaska que se trata de cómo quitan la nieve para que pase el tren, programas ideales para que Carlos se duerma de inmediato. 

Soy alegre y de verdad trato de ver la vida de la mejor manera, porque de por si ya es complicada no quiero ser yo la que la complique más y nunca espero nada de nadie. Soy diseñadora de hueso colorado, tanto que me indigna ver tutoriales de diseño mal diseñados y anuncios de cursos de que aprendes diseño en solo dos dias. Soy muy leal a mis amigos y familia y siempre contarán conmigo. Admiro a la gente auténtica y siento mucha empatía por los demás o por alguna causa. Sigo pensando que el mundo necesita más abrazos que like en facebook y que tristemente estamos muy ensimismados. Y hablando del mundo, reconozco que me gustaba más cuando no existían las redes sociales. No llevo una agenda desde que murió mi papá, porque yo tenía muchos planes y entendí que cuando uno propone Dios dispone, entonces mejor dejo que todo fluya. Me aburro fácil y me distraigo aun más fácil.....¿en que estaba?...¡Ah, no me gusta ni sé cocinar. La repostería si me gusta pero no se me da. El debut y despedida fue cuando tenía 20 años e iba hacer galletas con mi amiga Sandra para vender y sólo hicimos la masa y como nos aburrimos, la masa se hizo dura, así que la saqué al patio para que el sol la alivianara un poco. Luego la metí al refrigerador y me olvidé de ella cuando más tarde escuché a mi papá gritar molesto mi nombre y preguntándome porque sus quesadillas sabían a masa y no a queso. Sigo bailando el baile del YOPA que inventamos mi hermana Paty y yo, y me encanta que me haga segunda en todo, tanto así que cuando le digo: ¡vámonos hechas madres!, las dosfingimos caminar como embarazadas. Un temor absurdo es que me da miedo las escaleras eléctricas y confieso que cuando Domy era bebé me comí algunos Gerber etapa 1 y 2 de manzana. 

Cuando mi día está pesado y pienso que me fue mal, al acostarme cuento cuantas bendiciones tuve en el día y me asombro todo lo que no vi por estar ensimismada con problemas cotidianos, y aunque tenga muchas preocupaciones al final del día con ver a Domy y Carlos bien, y saber que mi familia también lo está, me doy por bien servida y agradecida. 

En fin, cumplí una edad que no coincide con mi edad mental y aún siento que me faltan muchos sueños por realizar y muchas respuestas no me las sé. A veces pienso que sigo siendo una niña con muchas responsabilidades, fingiendo y jugando a ser un adulto y otras veces me siento una viejita remilgosa odiando a Los Polinesios y a todos los YouTubers que ganan lana haciendo tonteras que consideran un trabajo. 

¿Cambiaré?, lo dudo. En conclusión creo que la vida no se toma en años, sino en experiencias y de esas, creo que me sobran.

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