martes, 14 de julio de 2015

EL SANDWICH APLASTADO



De un tiempo para acá Domy me está dejando el lonche; ese que le preparo en las mañanas y que lo corto en 4 triángulos pequeños para que se lo coma a gusto. A veces me deja 3 pedacitos y otra de plano solo deja una mordida marcada. Al principio me molestaba un poco porque iba directo a la basura; pero ella me decía que a veces era porque no alcanzaba a comerse todo por el tiempo que le dan en el recreo y otras de plano como todo niño prefería saltarse el lonche para comerse el postre.

Yo como mamá me preocupo de que no coma bien y confieso que apenas ahora puedo comprender a mi mamá, porque yo era peor y lo que le sigue de peor para mal comer.

¡Hey, si no me vas a comer,
de perdida sácame!
Cuando estaba en la primaria recuerdo que siempre, todos los días de todo el año no me comía el lonche. Cuando mi mamá me sacaba los cuadernos de la mochila café espantosa, cuadrada, con dos cintos adelante y ochentera, me regañaba porque entre los cuadernos de plano se me olvidaba y dejaba el lonche aplastado en medio de todo el caos de mochila. Luego yo misma malamente llegaba a mi casa y lo tiraba antes de que se diera cuenta. Simplemente no me lo comía. No sé si era porque no me daba hambre o no me daba la gana y así fue siempre. 

Pasando a la secundaria el encargado de molestarse era mi papá si no llevábamos el lonche y casi siempre salía regañada porque me levantaba tarde y muy apenas alcanzaba a ponerme el uniforme como para hacerme todavía un sandwich.  Él a las 6:45 de la mañana siempre estaba ya afuera calentando el carro mientras las tres corríamos desorientadas para lograr estar listas y ya adentro del coche nos preguntaba si traíamos lonche y como casi nunca alcanzaba a prepararlo nos llamaba la atención. Recuerdo que cuando había tiempo nos daba de desayunar un huevo crudo que Paty y yo siempre le poníamos azúcar para poderlo tragar sin vomitar o un licuado de cal-c-tose con 2 huevos para disque tener energías. Eso era lo único que desayunábamos porque a esa hora tan temprano no nos daba hambre. 

Pasé a la prepa y la historia no cambió mucho, la exigencia era la misma pero yo ya tenía mis ocurrencias (o mañas). Un buen día, un compañero del salón llevó una maqueta con panes de mentiras hechos como de papel mache y le dije que me vendiera uno; eran tan reales que se antojaban de solo verlos y yo me dije: ¡de aquí soy!, así que le compré un pan crujiente y tan bien hecho que parecía que acababa de salir del horno. A partir de ahí, cada que preguntaba mi papá yo mostraba mi hermoso lonche orgullosa (pero de lejitos para que no se viera bien la evidencia) o lo envolvía en una servilleta y   victoriosa lo enseñaba día con día hasta que ya no me volvió a preguntar. 


A veces me siento mal queriendo que mi hija coma lo que yo nunca quise comer, y espero que mi Domy no sea tan ocurrente como su madre.

1 comentario:

Lau dijo...

Jajajaja ay comadre!!! En mi caso yo odiaba el huevo! Me daba muchísimo asco y bueno mi mama hasta eso no me obligaba lo que si me hacia era tomar la leche, si esta tenía nata bueno yo me guacareaba del asco y apretaba los labios para no tomármela a lo que mi mama contestaba " tómatela si no quieres irte calientita a la escuela " jejeje

las cabeceras (¿asi se llaman?)

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