lunes, 28 de julio de 2014

MAMÁ CON PENDIENTE



Una vez mi hermana Paty y yo estábamos platicando sobrenuestros miedos y preocupaciones desde que somos mamá. Me llamó mucho la atención cuando me comentó
Paty y yo
que una conocida suya le dijo
 "No quiero ser mamá, porque no quiero sufrir". Paty y yo comprendimos que querían decir esas palabras que, aunque suenen fuerte son muy válidas. 

No es que una mamá sea una mártir y tu hijo te haga sufrir, pero si que automáticamente desde que entras al hospital panzona y sales igual de panzona pero con tu retoño en brazos la manera de pensar cambia automáticamente. Ese miedo tan frágil de saber que ese pedacito depende completamente de ti.
Y si, sigo siendo alegre, me siguen valiendo madre muchas cosas, pero por dentro siempre voy a tener ese miedo interno, ese miedo que no se te quitas con nada, ese miedo o preocupación que te hace levantarte en la madrugada para checar que no se caiga de la cama, ese miedito que te da cada que la dejas en el colegio y que sabes que la veras 8 o 9 horotas después, ese miedo a saber si algún dia me reclamará por no poder estar con ella como quisiera, ese miedito a saber si lo estoy haciendo bien; ese miedo cada que planeamos vacaciones y quieres que todo salga bien y nunca estás tranquila aunque por fuera estás tiradota en la playa con una margarita con licor mientras la ves jugando en la arena.
Luego pensé que no solo era yo y mi nueva y primeriza forma de pensar cuando hace poco mi mamá me confesó que ella nunca disfrutó las vacaciones por estar preocupada por 4 hijos de 2, 4, 5 y 6 años ni dejó de preocuparse cuando ya andaban en los treintas. "Esto nunca se acaba" -me dijo-. Ella con 4 y yo con sólo una hija, la verdad no sé cómo le hacía mi mamá.

Luego me adentré a mi niñez: Cuando yo era chiquita nos quedábamos muy seguido mis hermanos y yo solos en casa. En una ocasión recuerdo que mi hermana mayor tendría unos escasos 10 años y tenía que cuidar a Pepe de 9 que se le atoró una argolla en el dedo y la tenía morada e hinchada en la misma tarde en que yo de 8 me atravesé un pica hielo en la mano por querer abrir un resistol, mientras Paty de 6 andaba por ahí en la casa. Lo único que pensábamos mis hermanos y yo era que no nos regañaran cuando llegaran nuestros papás; tanto así que mi hermana a su corta edad resolvió todo a la perfección y tuvo que salir por unos albañiles que estaban construyendo en la casa de los vecinos para que le quitaran el aro a mi hermano y a mi me curó inmediatamente, así que cuando ellos llegaron nadie mencionó nada. 

Todo eso traducido a ésta época lo creo imposible, ya que jamás se me hubiera ocurrido dejar a mi niña sola con primitas de esas edades y si sucediera algún accidente casero como nos sucedió aquella vez jamás estaría en mis pensamientos regañar pues mi responsabilidad era estar ahí.

¿Quién no se ha caído en su infancia?, creo que todos alguna vez nos dimos un madrazote que nos dejó alguna cicatriz o una buena historia, y mientras escribía estas líneas voltié a ver a mi Chispagel y viborié lo mal hecho que le quedó su brazo con su piel sobrepuesta como si fuera de plastilina por un accidente que tuvo en su infancia donde se cayó de las escaleras y eso que su mamá estaba al lado. 

Luego días después fui a una reunión familiar en Saltillo en casa de Paty donde sus niñas Miranda y Natalia de 7 y 5 años y Domy de 3 estaban jugando medio rudo en el patio. Paty y yo nos la pasamos gritando: "¡No te subas arriba de la pelota!", "¡cuidado con la esquina de la pared!", "¡aguas con tu primita!" y así gritamos como histéricas cuando en una pausa los dos nos escuchamos sorprendidas y nos preguntamos el porqué ahora somos así si de chiquitas nos caímos 20 mil veces y sabemos que son niñas y que tienen que jugar y caerse pero ¿y si se los evitamos?, ¿y si nos ahorramos la lana que nos costaría llevarlas al hospital en caso de caída y todo el show de verlas llorar?, ¿hacemos mal?, ¿las limitamos o evitamos dramas?….. Después de analizar nuestro comportamiento Paty dijo: ¡Mirandaaaa te cuidadoooo!

Natalia, Miranda y Domy de "chivas locas" en Parque Fundidora

En fin, todo esto creo que lo iré descubriendo con el tiempo y en el camino me daré cuenta si voy bien o me regreso. El miedo no creo que se vaya aunque por fuera parezca que ando muy quitada de la pena. El amor que siento es tan grande que vale eso y más. Mi constante mortificación, el evitar cosas que está en mis manos y las que no tendré que enfrentarlas en su momento, pero entonces creo que es el sufrimiento más hermoso, más entregado que no sirve de nada mas el de saber que ya no soy ni Yolanda ni Yol, sino una mortificada y feliz mamá del montón.


2 comentarios:

Tanis Tuns dijo...

Amiga, me identifico tanto con lo que dices, me pasa igual pero multiplicado por tres!!!
¿Lograremos la relajación despreocupada algún día?
Te quiero mucho

Anónimo dijo...

Yo tengo un hijo de 15 y sigo igual!!! aunque ahora han cambiado el tipo de problemas y preocupaciones, me acuerdo mucho de mi madre cuando decía: "Hijos chiquitos problemas chiquitos, hijos grandes problemas grandes" . Me encanto tu blog!

las cabeceras (¿asi se llaman?)

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